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América Latina y el Caribe
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La fecundidad de los adolescentes de América Latina y el Caribe ha disminuido a lo largo de los últimos 15 años. Se prevé que entre 1995 y 2020 los partos de madres adolescentes disminuirán notablemente en los países más desarrollados de la región.1 No obstante, el embarazo no deseado y la procreación muy prematura siguen siendo comunes, especialmente en los países más pobres. Las repercusiones de ello en los padres, los hijos y la sociedad pueden ser graves y perdurables.
La procreación prematura está profundamente arraigarla en las culturas latinoamericana y caribeña, tal como ocurre en muchas otras partes del mundo. El matrimonio y la procreación a menudo se consideran como los acontecimientos capitales en la vida de una mujer joven. Pero las repercusiones médicas, económicas y psicológicas de la procreación prematura pueden ser considerables, especialmente para las mujeres que no están casadas.1,2
La fecundidad de los adolescentes sigue siendo alta en América Latina.
- El mejoramiento de las condiciones generales de salud y nutrición que se ha venido produciendo contribuye a disminuir la edad de la menarquia y a que los niveles de fecundidad de los adolescentes sean hoy más altos que hace 25 años. Aproximadamente 35 por ciento de las jóvenes latinoamericanas tienen su primer hijo antes de los 20 años.3 Según se calcula, las mujeres que comienzan la procreación cuando aún son adolescentes acaban teniendo dos a tres veces más hijos que las que retrasan el primer nacimiento hasta que tienen cuando menos veintitantos años.4
- Veintiocho por ciento de las mujeres guatemaltecas tienen su primer hijo antes de los 18 años.5 Aproximadamente, una de cada cinco jóvenes menores de 18 años en México y Bolivia han tenido ya un hijo.5 En Colombia, Guatemala y Paraguay, las mujeres actualmente tienen más probabilidades de tener un hijo durante la adolescencia, por comparación con lo que ocurría con las adolescentes en los años setenta.3
- Las tasas de natalidad son más elevadas para las adolescentes que viven en las zonas rurales. En un estudio de nueve países de América Latina y El Caribe se observó que entre 40 y 60 por ciento de las mujeres rurales habían tenido su primer hijo antes de los 20 años, por comparación con 25 a 36 por ciento de las mujeres urbanas.6
Muchos embarazos de adolescentes no son planificados ni deseados.
- Según se informa, en Brasil 50 por ciento de los nacimientos de mujeres entre 15 y 19 años no son planificados.3
- En un estudio efectuado en 1993 en Jamaica, se observó que casi 45 por ciento de las jóvenes de entre 15 y 24 años habían estado embarazarlas alguna vez. Setenta y siete por ciento de esos embarazos se produjeron en el momento menos apropiado o no fueron deseados.7
La procreación muy precoz suele dañar la salud de la madre y la del hijo.
- La procreación precoz puede poner en peligro tanto la vida de la madre como la del hijo. Las madres menores de 17 años de edad afrontan un mayor riesgo de mortalidad materna porque su organismo no está lo bastante maduro para tener hijos.2,3,8 Puede ocurrir que estas jóvenes no reconozcan los síntomas del embarazo o no deseen reconocer que están embarazarlas, lo cual demora la atención prenatal y pone en peligro la salud del hijo y la de la madre.2
Las tasas de mortalidad materna son elevadas.
- En Paraguay, el riesgo que una adolescente embarazada tiene de morir es 52 veces más elevado que en los Estados Unidos. Casi 20 por ciento de las defunciones de mujeres adolescentes en Paraguay son imputables a complicaciones del embarazo o el parto. Las cifras correspondientes son de 13 por ciento en Ecuador, 8,2 por ciento en República Dominicana y 7,2 por ciento en El Salvador.9
- Las mujeres pobres, especialmente las adolescentes, tienden a buscar que se les practiquen abortos baratos, tardíos y en condiciones peligrosas. En Bolivia. Perú, Colombia y Venezuela - países donde el aborto es ilegal o está severamente restringido - un estudio de jóvenes que habían buscado someterse a un aborto descubrió que tenían un riesgo significativo de padecer complicaciones del aborto.10,4
- En Chile y Argentina, donde el aborto está sometido a restricciones semejantes, más de la tercera parte de las defunciones maternas entre las adolescentes son consecuencia directa del aborto practicado en condiciones peligrosas.8
- Los partos de las adolescentes se complican con más frecuencia por parto obstruido u otros problemas, lo cual puede desembocar en la muerte de la madre, del hijo o de ambos, u ocasionar infertilidad. Los hijos de madres adolescentes tienen más probabilidades de nacer prematuramente o con un peso inferior al normal y de padecer retraso del crecimiento fetal.1,8
El embarazo prematuro puede poner en peligro la vida y la salud del hijo.
- En Paraguay, las criaturas que nacen de mujeres de entre 15 y 19 años de edad tienen casi 80 por ciento más probabilidades de morir durante el primer año de vida que las nacidas de mujeres de entre 20 y 29 años.1
- Los lactantes nacidos de madres más jóvenes tienen un aumento de las probabilidades de mortalidad de 77 por ciento en República Dominicana, de 69 por ciento en El Salvador, de 36 por ciento en Perú y de 29 por ciento en Colombia.1
- En Honduras, la tasa de mortalidad infantil es de 77,4 defunciones por 1.000 nacidos vivos para las mujeres menores de 20 años de edad, por comparación con 48 defunciones por 1.000 nacidos vivos para las de 20 a 34 años.11
- Retrasar el nacimiento del primer hijo de una mujer hasta que esta tiene por lo menos 18 años de edad podría reducir hasta en 30 por ciento la mortalidad infantil de los primogénitos en México, Perú y República Dominicana.12
Las tasas elevadas de fecundidad de las adolescentes están ligadas a logros educacionales escasos y a la pobreza.
- Las jóvenes con bajos niveles de logros educacionales y económicos a menudo tienen una capacidad limitada y poca motivación para regular su fecundidad, lo que da por resultado tasas más elevadas de embarazo precoz. El círculo vicioso se refuerza puesto que las jóvenes que asisten a la escuela se ven obligadas a suspender su educación cuando se embarazan, lo cual limita muchísimo sus oportunidades económicas. Las jóvenes con niveles más altos de instrucción tienen más probabilidades de posponer el matrimonio y la procreación.3 La educación se asocia positivamente con el uso de anticonceptivos al aumentar el conocimiento, la aceptabilidad y la utilización de los servicios de planificación familiar.13 Los hijos de padres adolescentes no solo se enfrentan con un riesgo elevado de enfermedad o muerte: también encaran más probabilidades de ser abandonados, de acabar viviendo en las calles y de verse atrapados en el ciclo de la pobreza.4,2
- Las adolescentes con cierta educación secundaria tienen aproximadamente un tercio de probabilidades de tener un hijo, comparadas con las que reciben menos educación.2 En Colombia, 46 por ciento de las jóvenes con menos de siete años de escolaridad tienen su primer hijo a los 20 años de edad, por comparación con 19 por ciento de las mujeres con siete o más años de educación.3
- En Guatemala, las tasas de natalidad de las adolescentes son las más altas en las que no acudieron a la escuela. Las adolescentes que posponen la procreación tienen cinco veces más probabilidades de terminar su educación secundaria que aquellas que no posponen el nacimiento de su primer hijo hasta tener por lo menos 20 años.6 El porcentaje de adolescentes que habían tenido un hijo o se habían embarazado alcanzó el nivel más alto en las que nunca asistieron a la escuela (37 por ciento) y fue más alto entre las indígenas que entre las ladinas (26 por ciento frente a 29 por ciento).14
- En América Latina, las madres adolescentes tienen siete veces más probabilidades de ser pobres que las madres de mayor edad.4 Cuanto más pobre es el país, más elevado es el nivel de procreación prematura.5
Referencias
- McDevitt TM, Adlakha A, Fowler TB et al. Trends in Adolescent Fertility and Contraceptive Use in the Developing World. [IPC/95-1]. Washington, DC: U.S. Bureau of the Census, 1996.
- Yinger N, De Sherbinin A, Ochoa L, et al. Adolescent Sexual Activity and Childbearing in Latin America and the Caribbean: Risks & Consequences. Washington, DC: Population Reference Bureau, 1992.
- Alan Guttmacher Institute. Risks and Realities of Early Childbearing Worldwide. [Temas breves]. Nueva York, NY: The Institute, 1996.
- Koontz SL, Conly SR. Youth at Risk: Meeting the Sexual Health Needs of Adolescents. Washington, DC: Population Action International, 1994.
- Alan Guttmacher Institute. Women and Reproductive Health in Latin America and the Caribbean. [Las mujeres, las familias y el futuro]. Nueva York, NY: The Institute, 1994.
- Wulf D, Singh S. Sexual activity, union and childbearing among adolescent women in the Americas. International Fam Plann Perspect 1991;17:137-144.
- Morris L, Sedivy V, Friedman IS, et al. Contraceptive Prevalence Survey, Jamaica 1993. Vol. 4. Sexual Behaviour and Contraceptive Use Among Young Adults. Atlanta, GA: U.S. Dept Health & Human Services, Centers for Disease Control and Prevention, 1995.
- Noble I, Cover I, Yanagishita M. The World's Youth 1996. Washington, DC: Population Reference Bureau, 1996.
- Maddaleno M, Silber T. An epidemiological view of adolescent health in Latin America. J Adolesc Health 1993;14:595-604.
- Singh S, Wulf D. The likelihood of induced abortion among women hospitalized for abortion complications in four Latin American countries. International Fam Plann Perspect 1993;19:134-141.
- Martin R, Buttari I, Macias H, et al. A.I.D.'s Family Planning Program in Honduras. [A.I.D. Technical Report; no. 9]. Washington, DC: Agency for International Development, 1993.
- United Nations. The Health Rationale for Family Planning: Timing of Births and Child Survival. Nueva York, NY: The UN, 1994.
- Castro Martin T, Njogu W. A decade of change in contraceptive behaviour in Latin America: a multivariate decomposition analysis. Popul Bulletin UN, 1994;36:81-109.
- ____.Guatemala: Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil, 1995. [Encuesta demográfica y de salud]. Ciudad de Guatemala, Guatemala: Instituto Nacional de Estadística; Calverton, MD: Macro International, 1996.
Compilado por Cristina Herdman Traducido por Margarita Chavez Julio de 1997 © Advocates for Youth
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