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Plain Talk/Hablando Claro: Un estudio de caso sobre la prevención de embarazos juveniles Print

en South Valley, Albuquerque

También disponible en formato [PDF] y en inglés [HTML] [PDF]


Yo no esperaba embarazarme; aun estaba en secundaria.

Mis amigos se sorprendieron porque yo siempre fui la "chica estudiosa". Cuando la tuve fue muy duro para mí. Tuve que acostumbrarme a no dormir mucho. Fue muy difícil cuando se enfermaba y yo tenía que hacer mis deberes escolares.

Creo que es importante que los jóvenes sepan sobre el control natal y las ETS. Mis padres no hablaron de ello hasta después de que supieron que yo estaba teniendo relaciones sexuales.

Ahora que soy madre y, cuando lo pienso, creo que va a ser difícil comenzar esa conversación. Es incómodo, pero tiene que enseñarse.
- Carla Nieto, age 17

 


Los niños y jóvenes en Nuevo México corren mayor riesgo de sufrir pobreza, experimentar partos juveniles, abandonar sus estudios, usar drogas y padecer violencia que sus pares en muchos otros estados del país.

Los residentes de la comunidad de South Valley en Albuquerque confrontan estos retos todos los días.

 

Y están trabajando para lograr el cambio.

Nuestras primas están embarazadas, nuestras amigas están embarazadas… los estudios  de salud son opcionales.
-
Martin Martinez

Durante cientos de años las aguas del Río Grande han atravesado el pueblo de Barelas, Nuevo México. Desde la época colonial española los residentes han subsistido en las tierras que están justo al sur de Albuquerque, que es una ciudad mucho más grande.

En las últimas décadas Albuquerque ha crecido rápidamente y ha absorbido a esta pequeña comunidad agrícola.
Con solo 54,000 residentes, el área se conoce simplemente como "South Valley".

Aunque no hay límites estrictos entre South Valley y el resto de Albuquerque, a medida que la histórica Ruta 66 serpentea hacia el sur de la ciudad comienza a cambiar el entorno.

Cada tanto sobresale una blanca y brillante casa suburbana entre las hileras de casas construidas en el tradicional estilo de Nuevo México. Los niños juegan en los accesos de gravilla para los carros, sin ponerle atención al vehículo abandonado en el jardín al otro lado de la calle.

South Valley está experimentando una de las tasas más altas de embarazos juveniles y de pobreza en Nuevo México. Los servicios sociales y otros recursos son escasos, lo que conduce a un incremento en la fricción entre los hispanos nativos cuyas familias han vivido en Nuevo México por varios cientos de años, y los inmigrantes recientes de Mexico, Cuba, y Centro y Sur America.

Aunque el uso de drogas y la violencia pandillera también están presentes, la comunidad no carece de valores. De hecho, la comunidad se ha ganado una buena reputación por invertir en —y cuidar—, a sus niños y familias. Miembros de la comunidad, gobierno, agencias sin fines de lucro y pequeñas empresas, se han unido y están trabajando duro para hacer de South Valley un mejor lugar para vivir. 

Plain Talk / Hablando Claro

Muchos adultos creen que si les hablan a los jóvenes sobre el sexo —sobre la sexualidad—, que eso va a alentarlos a que sostengan relaciones sexuales. Pero nosotros sabemos que eso es absolutamente falso.
- Renée Wilson-Simmons, Annie E. Casey Foundation

Plain Talk, conocido en español como Hablando Claro, es una iniciativa de salud organizada por la comunidad que alienta a los padres y a otros adultos a sostener discusiones abiertas, honestas y sinceras con personas jóvenes sobre el tema de la sexualidad.

El éxito de Hablando Claro radica en su simplicidad. Al incrementar la comunicación entre adultos y jóvenes sobre el sexo y el acceso de los adolescentes a la contracepción, los programas ayudan a disminuir los embarazos indeseados, las ETS y el VIH/Sida.

Desde inicios de 1990, la Fundación Annie E. Casey ha apoyado al programa Hablando Claro. Gracias a su apoyo continuado, el programa actualmente está activo en casi 30 comunidades en todo el país.

Cada sitio Hablando Claro consiste en una colaboración de tres organizaciones.

Una comunidad Hablando Claro potencial debe cumplir ciertos criterios:

  • Ser una comunidad de bajos ingresos
  • Tener una alta tasa de embarazos juveniles y/o de ETS
  • Demostrar su disposición para confrontar los temas de salud sexual que afrontan sus jóvenes 

Más allá de estos criterios, las localidades pueden variar significativamente. Por ejemplo, algunas localidades son étnicamente diversas, mientras que otras no lo son. Algunas comunidades cuentan con infraestructura de apoyo proveniente de pequeñas empresas y redes formales e informales creadas por los residentes, mientras que otras carecen de estas ventajas. En algunos sitios la mayoría de los residentes hablan inglés como su primer idioma; en otros la mayoría es hispano-parlante.

En cada caso, Hablando Claro trabaja para crear consenso entre la comunidad acerca de las necesidades de los adolescentes. Para ello se enfoca en los adultos, tanto como receptores de información exacta como replicadores de esa información hacia otros adultos y jóvenes de la comunidad.

Las metas de Hablando Claro son:

  • Crear consenso entre los adultos de la comunidad acerca de la necesidad de alentar a los jóvenes sexualmente activos a que usen métodos contraceptivos de forma consistente
  • Proporcionarle a los padres y otros adultos la información y las habilidades que necesitan para hablar mas efectivamente con los jóvenes acerca de la conducta sexualmente responsable
  • Mejorar el acceso de los adolescentes a los servicios de salud reproductiva de alta calidad, apropiada para su edad y libremente disponibles, incluyendo la contracepción. 

Quien es Quien

Organización Líder Local

Para implementar el programa Hablando Claro en una localidad a menudo se requiere la construcción de una coalición de organizaciones comunitarias y, entre ellas, se designa una organización líder para supervisar y coordinar el proceso. En algunos lugares la organización líder es responsable de la implementación del programa; en otros, la organización líder forma una asociación con una segunda organización, que es la que efectúa la supervisión.

Fundación Annie E. Casey

Establecida en 1948, la Fundación Annie E. Casey proporciona apoyo a niños y familias vulnerables, y ha apoyado al programa Hablando Claro por más de 20 años. La Fundación Annie E. Casey otorga fondos para tres años de ayuda técnica, capacitaciones y otros tipos de apoyo en especie a todas las sedes nuevas de Hablando Claro a través de una sociedad de largo plazo con

Public/Private Ventures (P/PV)

La Fundación Annie E. Casey ha contratado a Public/Private Ventures para que actúe como el intermediario a nivel nacional de Hablando Claro. Actualmente, P/PV trabaja con organizaciones comunitarias, departamentos de salud, proyectos habitacionales, iglesias y otras agencias en 17 estados, para replicar el programa Hablando Claro.

En 2004…

Debido a que la tasa de natalidad en Nuevo México seguía siendo una de las más altas en la nación, el New Mexico Teen Pregnancy Coalition (la coalición de Nuevo México contra los embarazos juveniles) buscó un programa certificado para que pudieran hacerse cargo del problema.

Hablando Claro parecía ser la contraparte ideal. No solo es un programa de base popular que cuenta con un record comprobable de éxito, sino que también está posicionado para tomar ventaja de ciertos valores: fuertes valores culturales en torno a la familia y la crianza de los hijos, la existencia de redes comunitarias de apoyo y, su meta de efectuar cambios positivos.

Más aun, respecto a su implementación, Hablando Claro está diseñada para adaptarse a los entornos culturales específicos de comunidades de color y de bajos ingresos.

Con base en los datos recolectados en las encuestas realizadas a nivel de estado, la coalición pudo identificar las comunidades en las cuales la tasa de nacimientos en adolescentes era considerablemente más alta que el promedio estatal.

South Valley, Albuquerque, fue una de esas comunidades, y pareció ser el hogar perfecto para establecer la primera sede de Hablando Claro en Nuevo México. 

Para abordar algunas de los problemas enfrentando a la juventud de South Valley, el New Mexico Teen Pregnancy Coalition decidó hacerle una solicitud a Public/Private Ventures (P/PV) con el fin de replicar el programa Hablando Claro.

Sin embargo, la coalición necesitaba primero acopiar al menos $80,000 en apoyo financiero para cada uno de los tres años que duraría el programa.

De las conversaciones sostenidas con el departamento de salud estatal y la oficina del gobernador se obtuvo el impulso necesario, y el personal comenzó entonces a crear propuestas para reunir los fondos que se necesitarían para los tres años.

Eventualmente se aseguró el financiamiento de una variedad de fuentes: del New Mexico Department of Health (departamento de salud de Nuevo México), del Family Planning Program (programa de planificación familiar), de la Office of Adolescent and School Health Promotion (oficina de promoción de salud del adolescente) y del New Mexico Human Services Department, Medical Assistance Division (división de asistencia médica del departamento de servicios humanos de New Mexico).

Con estos compromisos en mano, la coalición hizo su solicitud a P/PV. En diciembre de 2005, la New Mexico Teen Pregnancy Coalition fue seleccionada como la organización líder para replicar el programa Hablando Claro en South Valley, con lo que oficialmente comenzó una sociedad de tres años entre la coalición, P/PV y la fundación Annie E. Casey.


Evaluación del programa Hablando Claro

A inicios de la década de 1990, la fundación Annie E. Casey lanzó proyectos piloto de Hablando Claro en cinco localidades.

Una evaluación independiente realizada en 1998 encontró que Hablando Claro tuvo efectividad en:

  • Comunidades latinas o hispánicas tanto como en comunidades afroamericanas o de color
  • Realizar cambios en la forma en la que adultos se comunican con los adolescentes con respecto a la sexualidad

En particular encontró que:

  • Se incrementó el nivel de comunicación entre los adultos y los jóvenes sexualmente activos
  • Se incrementó el nivel de conocimiento entre los jóvenes sobre dónde podrían obtener contracepción 

La evaluación también determinó que, comparado con los jóvenes que no hablaron sobre el tema de la sexualidad con los adultos en quienes confiaban, los jóvenes que sí tuvieron tales conversaciones:

  • Sabían más y estaban mas cómodos respecto al tema de la contracepción
  • Utilizaron la contracepción con mayor consistencia
  • Utilizaron los servicios de salud reproductiva mas a menudo
  • Tenían menores probabilidades de involucrarse en un embarazo o de ser diagnosticados con una ETS

P/PV trabajó con la New Mexico Teen Pregnancy Coalition para planificar e implementar los tres componentes esenciales necesarios para replicar el programa.

Los tres componentes de Hablando Claro incluyen:

 

  • El mapeo de la comunidad, lo que le proporciona a la comunidad misma una oportunidad para identificar las actitudes, conocimientos y creencias de los residentes con respecto a la sexualidad en adolescentes, y los alienta a que desarrollen mensajes específicos para su comunidad, para ayudar a que los adolescentes disminuyan las actividades sexualmente riesgosas
  • Walkers and Talkers / Promotoras, quienes residen en las comunidades y están capacitadas como educadoras de pares. Ellas realizan acercamientos hacia otros adultos para: (1) compartir con ellos  información exacta sobre la salud sexual para que, a su vez, estos adultos puedan sostener discusiones informadas con los jóvenes;  y (2) los instruyen en habilidades de comunicación para que las discusiones con los jóvenes sean productivas y positivas
  • Fiestas de Salud en Casa, que regularmente crean oportunidades para que las promotoras puedan proporcionarles a los padres y otros adultos información exacta sobre la salud sexual, y enseñarles estrategias efectivas de comunicación en un ambiente seguro y relajado, en donde los participantes puedan aprender y discutir temas sensitivos de salud sexual

Mapeo de la comunidad

El objetivo de Hablando Claro es asegurar que cada adulto en esta comunidad tenga la información, las herramientas y las habilidades que necesita para transmitirle a los adolescentes  información sobre el sexo y la sexualidad.

-Tammi Fleming,
Directora de Hablando Claro
Public/Private Ventures 

Al realizar cientos de encuestas de mapeo se hace posible comprender los conocimientos, actitudes y comportamientos de las comunidades con relación a los temas de salud sexual en adolescentes y la comunicación entre adultos y jóvenes. A inicios de 2006, el personal de P/PV viajó a Albuquerque para capacitar a 17 miembros de la comunidad y al personal de la coalición sobre el proceso de mapeo comunitario para el programa Hablando Claro. Los encuestadores asistieron al curso de dos días que brindó P/PV sobre mapeo comunitario, que incluyó los temas de: contenido de la encuesta, obteniendo el consentimiento informado y, como mejorar las habilidades de entrevista.

El plan del mapeo requería el análisis de 500 encuestas concluidas. Para llegar a esa cantidad, los encuestadores efectuaron una muestra aleatoria entre 600 de las 2639 unidades habitacionales en South Valley. Asimismo, también realizaron encuestas en el popular mercado rural semanal.

"Los participantes recibieron un vale de $10 por su participación, que podían cambiar por productos en el mercado rural local", explicó Sylvia Ruiz, directora ejecutiva del New Mexico Teen Pregnancy Coalition. "Yo anticipaba que se podría presentar algún pequeño problema, pero no hubo ninguno. Los $10 hicieron una gran diferencia en esta comunidad tan pobre".

Al concluir el proceso, el equipo de encuestadores había exitosamente recolectado 496 encuestas para su análisis. 

Walkers and Talkers / Promotoras

Curanaderas
Practicantes de una larga tradición latinoamericana que se basa en curaciones de fe y con hierbas, las curanderas son sumamente importantes en estas comunidades, en donde la falta de transporte afecta en gran parte el acceso de los residentes a los servicios sociales y de salud establecidos.


Mientras que el personal de P/PV analizaba los datos en sus oficinas en Filadelfia, el New Mexico Teen Pregnancy Coalition centró su atención en organizar al personal que trabajaría en el programa. Con los fondos proporcionados por el departamento de salud del estado del Nuevo México la coalición reclutó a Kelly Garridas, una trabajadora social que laboraba con otra organización local involucrada en salud reproductiva, para que fuera la coordinadora del programa Hablando Claro.  

La coalición también reclutó Promotoras para el programa Hablando Claro entre la red informal de lideresas —como trabajadoras de salud y curanderas locales—, que ya existía en South Valley.

En South Valley las Promotoras trabajan medio tiempo para el proyecto Hablando Claro y reciben $10 la hora por su trabajo.

Las Promotoras tienen cuatro responsabilidades:

  • Diseminar los resultados del mapeo comunitario
  • Incrementar la concienciación sobre el programa Hablando Claro y actuar como sus emisarias
  • Informarles a los residentes sobre los temas de salud reproductiva en adolescentes y servicios para los mismos
  • Facilitar Fiestas de Salud en Casa

En estas comunidades es culturalmente apropiado ir a una curandera. Las curanderas son señoras (y señores) del barrio que tienen mayores conocimientos que otras en esos vecindarios sobre las hierbas, la espiritualidad y los rituales. Están acostumbradas a poner de su parte cuando se trata de mejorar la salud de los miembros de la comunidad, así que ha sido relativamente fácil involucrarlas en el trabajo de Promotoras.
- Sylvia Ruiz, directora ejecutiva
New Mexico Teen Pregnancy Coalition

Las personas reclutadas como Promotoras necesitan poder relacionarse fácilmente con otras y ser amigables; deben ser personas conocidas y respetadas en su comunidad y capaces de motivar a otros. Asimismo, tienen que saber leer y escribir y poseer la capacidad de comunicarse fácil y claramente. Además, tienen que poder comprender y pensar rápidamente.

Las Promotoras participan en más de 60 horas de capacitaciones para incrementar sus conocimientos sobre la salud sexual y reproductiva. También se les proporcionan los resultados del proceso de mapeo de su comunidad, y se les mejora su capacidad de comunicación y habilidades para enseñar.  

Específicamente, las Promotoras aprenden sobre la salud sexual, la fisiología humana, la reproducción, los métodos contraceptivos y sobre los mitos y realidades de la sexualidad. Igualmente, se les proporciona información acerca de dónde ir para obtener apoyo adicional.

Por otro lado, también reciben capacitación sobre cómo enseñarles a los padres y a otros adultos sobre la comunicación efectiva, así como otras técnicas y habilidades que promocionan la comunicación abierta y honesta con los adolescentes de la comunidad.

Resultados de la encuesta de mapeo comunitario

El 80% de los adolescentes en South Valley reportan que sí pueden hablar con sus padres acerca del sexo, pero únicamente el 40% lo ha hecho.

Con esto en mente, Hablando Claro trabaja para zanjar la brecha en comunicación que existe entre adultos y adolescentes.

El 17 de octubre de 2006 el personal de P/PV presentó los resultados de las encuestas de mapeo de la comunidad durante una reunión abierta al personal de la coalición, líderes comunitarios, Promotoras y residentes de la comunidad, a la que asistieron más de 50 personas.

En resumen, el proceso de mapeo mostró que los jóvenes y adultos de South Valley estaban dispuestos a platicar sobre el tema de la salud sexual. En general, los adultos apoyaron el acceso de contraceptivos para los jóvenes sexualmente activos. A su vez, muchos jóvenes sexualmente activos manifestaron tener ansiedad de que sus padres se enteraran de que ellos estaban sosteniendo relaciones sexuales.

Del mapeo surgieron algunos puntos importantes:

  • Casi la mitad de los adultos encuestados dijeron que habían estado involucrados en un embarazo cuando eran adolescentes
  • La mayoría de los jóvenes y adultos encuestados piensan que la mitad de las jóvenes adolescentes experimentarían un embarazo antes de cumplir 20 años
  • Los padres están mas dispuestos a ayudar a los hijos que a las hijas  para que eviten el embarazo
  • Aunque casi todos los adolescentes sexualmente activos saben que es muy importante utilizar métodos de control natal, poco más de la mitad de ellos manifestaron que utilizaban protección durante cada acto sexual
  • Mas de la mitad de los adolescentes encuestados piensan que sus padres NO aprobarían que ellos usaran métodos anticonceptivos
  • Cuando se les preguntó a los adolescentes si deberían de aceptar que alguien les dijera que "no" quería sostener relaciones sexuales con ellos, casi la tercera parte de ellos no sabía qué responder o pensaban que "nunca se debería de aceptar un no” como respuesta.

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Fiestas de Salud en Casa

Las Reuniones Caseras de Salud son la pieza central del programa Hablando Claro. Las Reuniones están diseñadas para congregar a pequeños grupos de miembros de la comunidad en el confort de la casa de alguno de ellos, para que todos puedan aprender más acerca de los temas de salud sexual.  Los ejercicios para la construcción de habilidades sirven para que los adultos adquieran conocimientos y destrezas para poder hablar sobre la salud sexual, incluyendo la contracepción.

Fiestas de Salud en Casa de Salud incluyen ejercicios para la construcción de habilidades e información sobre una variedad de temas relacionados con la salud sexual.  Sin embargo, los participantes pueden solicitar que se les refuerce ciertos temas.

Los temas que más se solicitan son:
(% de Fiestas de Salud en Casa donde se solicitaron los temas)

58%   anatomía del aparato reproductivo y fisiología
58%   comunicación padre-adolescente
11%   resultados de los mapeos comunitarios
7%     métodos anticonceptivos
7%    ETS y VIH/Sida

En South Valley las Fiestas de Salud en Casa se han estado realizando desde febrero del 2006. Las cuatro Promotoras dirigen hasta 10 Fiestas de Salud en Casa por semana. Mientras que en todas las reuniones se imparte la información medular del programa, los asistentes frecuentemente solicitan que se les repase cierta información.

Las Promotoras buscan a las personas que puedan patrocinar una reunión a través de sus contactos personales, entre los participantes anteriores y en el mercado rural semanal.  Cada anfitrión invita a los miembros de su familia y amigos cercanos para que asistan a su Fiesta de Salud en Casa.

"Muchas de las personas que participan no necesariamente tienen hijos", explicó Kelly Garridas. "Tienen una sobrina o nieta a quienes pueden transmitirles el mensaje que estamos diseminando".

Las Promotoras reportan que las madres que asisten a las Fiestas de Salud en Casa a menudo llevan a sus hijas e hijos adolescentes. En este sentido, Hablando Claro está tomando una nueva dirección, ya que en otras localidades las Fiestas de Salud en Casa usualmente cuentan solo con la asistencia de adultos o casi solo de adultos. No obstante, en South Valley las reuniones intergeneracionales son comunes.  Otros aspectos –como los cambios que se operan en las comunidades, la diseminación de información, y que se ofrecen respuestas a las preguntas de las personas—, son fundamentales en las Fiestas de Salud en Casa de cada una de las localidades donde está el programa Hablando Claro.

Según las Promotoras, muchas preguntas hechas durante las Fiestas de Salud en Casa ofrecen magnificas oportunidades para reemplazar la desinformación y los mitos con información exacta. Algunas veces las preguntas giran en torno al embarazo, como "¿Puedo quedar embarazada durante mi regla"?  No obstante, las Promotoras están de acuerdo que la mayoría están relacionadas con las ETS, incluyendo el VIH, como "¿Puedo contraer VIH si toco a alguien?", y "¿Puedo contraer una ETS de un inodoro?"

Un paso más allá

Las Promotoras de South Valley han asumido roles adicionales para fortalecer a su comunidad –algunos aparentemente únicos con respecto a otros programas de Hablando Claro–, y otros mas comunes a todos los programas Hablando Claro.

Para enseñarles sobre la reproducción usamos una figura humana grande a la que se le puede poner todas las partes. Les decimos: "Si no sabes a donde va, ponla en la cabeza.

Al final, todas las partes pueden resultar puestas en la cabeza. Dicen que saben algo sobre esa parte, pero que no saben a donde va, así es que les enseñamos".


- Louisa Cova, Promotora

Inscripción en Medicaid

Una faceta extremadamente valiosa de Hablando Claro en South Valley es su asociación con el departamento de salud de Nuevo México, a través de la cual las Promotoras inscriben a las personas elegibles en el programa Medicaid. En South Valley, donde la falta de transporte es una enorme barrera para acceder al uso de los servicios, esta alianza funciona muy bien.  La coalición solicitó y recibe fondos de Medicaid para capacitar y certificar a las Promotoras en el proceso de inscripción.

Los datos disponibles muestran que a medida que incrementa la edad de los niños en Nuevo México, su inscripción en el programa Medicaid declina. Pero debido a que las Promotoras son personas que ya gozan de la confianza de la comunidad, a menudo pueden mas fácilmente identificar y contactar a aquellas familias que califican para los distintos programas de Medicaid que los empleados del departamento de salud.  

Esta es otra forma más de conectar a los adolescentes con los servicios de salud y proveerles acceso a los métodos preventivos que necesitan.

Gestoras informales de casos

Al trabajar con las familias y encaminarlas hacia la variedad de servicios sociales y de salud que necesiten, las Promotoras también se han convertido en gestoras informales de casos. Como tales, todas las Promotoras necesitan y reciben capacitación continua sobre los temas de vacunaciones, de cómo referir a las personas hacia los recursos que necesiten y sobre servicios de salud para infantes.

Por ejemplo, el New Mexico Children, Youth and Families Department, CYFD (departamento de jóvenes, niños y familias de Nuevo México) recientemente realizó una capacitación de un día de duración para las Promotoras acerca del abuso y abandono en niños. La capacitación también tocó el tema de la responsabilidad que tienen las Promotoras de  reportar el abandono de niños cuando lo observen. A la vez, a las Promotoras se les garantizó confidencialidad al reportar estos casos.  Asimismo, se les aseguró de que el CYFD pocas veces extrae a los niños de sus hogares. Con mayor frecuencia, el CYFD capacita a los padres sobre la crianza de los niños, y se asegura de que los padres y niños reciban cuidados de salud mental, terapia de lenguaje u otros servicios que pudieran necesitar para lograr la seguridad y el bienestar de los niños, a la vez que se mantiene unida a la familia. 

Las personas estaban aliviadas de que estábamos haciendo algo acerca de los embarazos juveniles.

Era como si la comunidad hubiera dado un suspiro de alivio.

- Sylvia Ruiz, Executive Director New Mexico Teen Pregnancy Coalition

Acciones futuras

En su rol de organización líder, el New Mexico Teen Pregnancy Colaition ha identificado varias lecciones aprendidas en los primeros dos años de existencia del programa en South Valley:

  1. Desde el inicio, sea claro con los socios sobre los diferentes roles. Utilice memorandos de entendimiento.
  2. Asegúrese de que los roles no dependan de una persona en particular; de que cuando una persona se valla y otra llegue en su lugar el rol continuará. Para cada rol pregúntese: "¿Qué hace esta persona y cómo lo hace, y qué es lo que se espera de ella y para cuando se espera?"
  3. La capacitación entrecruzada es esencial. Asegúrese de que el personal esté familiarizado con el trabajo de cada quien, para que si alguna persona se va otra pueda tomar ese rol sin tropiezos. El programa no deberá fallar porque una persona u otra se vaya.
  4. Acople a la Promotora que conduce las Fiestas de Salud en Casa a la cultura de las personas de esa casa. Los hispanos no tienen una sola cultura. Reconozca que el tema de la cultura tiene importancia y que el lenguaje coloquial y las suposiciones culturales varían,  especialmente en cuanto a temas sensitivos como la salud sexual. Por ejemplo, los hispanos nativos varían grandemente de los inmigrantes cubanos, quienes a su vez varían ampliamente de los inmigrantes mexicanos, y así sucesivamente.
  5. Contrate personas que puedan dedicarle tiempo y energía al trabajo. No contrate Promotoras que ya tienen un trabajo de tiempo completo. Ser Promotora es un trabajo intenso y agotador. La preparación y conducción de presentaciones es extenuante porque significa estar en el hogar de otras personas y cumplir con las complicadas reglas de hospitalidad, a la vez que se presenta información exacta de tal forma que promueva las preguntas y la participación plena.
  6. Anticipe que tendrá que proporcionarles capacitación y apoyo a las Promotoras que son inmigrantes en este país. Si las Promotoras son inmigrantes, seguramente necesitarán capacitación y apoyo en relación a las variadas facetas de la vida en Estados Unidos, como la adquisición de una licencia para conducir, la apertura de una cuenta bancaria y la forma correcta de llenar un cheque, el pago de impuestos, el cumplimiento de chequeos médicos "bebé sano" y otras actividades establecidas para promover la salud, etcétera.

Y aparte de ayudar a las familias nosotras también aprendemos de ellas. Parece tan simple.

Tienen tanto que enseñarnos a nosotros como nosotros a ellas.

- Paola Dickey, Promotora

Mucho tiempo después de que nos hayamos ido, si hemos ayudado a estos jóvenes, el cambio permanecerá… 

El New Mexico Teen Pregnancy Coalition y otros interesados concuerdan que la sostenibilidad es el punto más importante que afronta Hablando Claro en South Valley.

Como tal, estas personas tan comprometidas están trabajando duro para asegurar que el programa continúe cuando concluya en tres años el apoyo y los fondos brindados por las fundaciones Annie E. Casey y Public/Private Ventures en diciembre de 2008.

La sostenibilidad es posible porque hay tanto apoyo comunitario, especialmente para Hablando Claro, con su involucramiento comunitario tan extenso. Varias fundaciones en Nuevo México han brindado su apoyo y están trabajando conjuntamente con el estado sobre la prevención de embarazos juveniles en los condados Doña Ana y Taos.  También ayudan a financiar el programa Hablando Claro en Doña Ana.

-Susan Lovett
Family Planing Bureau (oficina de planificación  familiar)
 

El programa Hablando Claro ha estado operando en South Valley por aproximadamente dos años. Como tal, es demasiado pronto para poder hacer una evaluación respecto a su impacto sobre la comunidad en el largo plazo. No obstante, las historias de las Promotoras y los puntos de vista de los que supervisan el programa proporcionan vivas indicaciones de que el programa Hablando Claro efectivamente ejerce una diferencia en los adultos y jóvenes de South Valley.

Hablando Claro promete brindar enormes beneficios a los adultos y jóvenes que están aprendiendo a hablar juntos sobre la salud sexual y muchas cosas mas. La directora ejecutiva del New Mexico Teen Pregnancy Coalition probablemente resumió mejor el programa y su impacto:

La llave del éxito de Hablando Claro y de otros programas organizados por las comunidades es la selección de estrategias efectivas que se ajustan para hacerlas culturalmente apropiadas.

La salud reproductiva de los adolescentes es un tema complejo. El embarazo juvenil afecta a los adolescentes, a sus hijos y sus futuros. El embarazo juvenil y la paternidad /maternidad juvenil también afectan a los sistemas de salud y educación, a todo el círculo familiar y a las comunidades. El embarazo juvenil contribuye a elevar los costos en las visitas a las salas de emergencias, del cuidado prenatal y obstétrico para las jóvenes madres, y el cuidado de sus infantes.
A través de Hablando Claro se cambian vidas. Mucho tiempo después de que nos hayamos ido, si hemos ayudado a estos jóvenes, el cambio permanecerá.
 
-Sylvia Ruiz
New Mexico Teen Pregnancy Coalition

 

Para mayor información sobre cómo replicar el programa Hablando Claro

En 2002 la fundación Annie E. Casey contrató a Public/Private Ventures para que operara el Centro Nacional de Replicación del Programa Hablando Claro. P/PV evalúa las solicitudes de las comunidades que quieren replicar el programa y les proporciona capacitación y asistencia técnica a aquellas que se escogen como localidades en donde se establecerá el programa Hablando Claro. Estas localidades son variadas, y en la actualidad incluyen un rango de organizaciones comunitarias así como los departamentos de salud de 17 estados. Todas las comunidades tienen tres cosas en común: preocupación por la alta tasa de embarazos juveniles y ETS, el deseo de intervenir, y el compromiso de que recibirán el apoyo de una o más fuentes de financiación.

A través de la Fundación Annie E. Casey y P/PV se le proporciona a cada localidad $40,000 en fondos para apoyar la implementación del programa. A su vez, cada localidad deberá agenciarse hasta $100,000 por año durante tres años para poder implementar completamente el programa, contratar personal y realizar actividades en la comunidad. P/PV puede darles asistencia a las comunidades interesadas respecto al proceso de adquisición de fondos.

Para mayor información, visite la página http://www.plaintalk.org.

Para recibir mayor información sobre cómo replicar el programa Plain Talk / Hablando Claro, por favor comuníquese con Tammi Fleming, Public/Private Ventures ( This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it ).

Este estudio de casos fue producido por Advocates for Youth con financiación de la Fundación Annie E. Casey.

Advocates for Youth le agradece a la Fundación Annie E. Casey su apoyo, pero reconoce que los resultados de la investigación y las conclusiones presentadas en este reporte son responsabilidad únicamente de sus autores, y que no necesariamente reflejan las opiniones de la Fundación.

Escrito por Sue Alford, MLS, y William Neville
Advocates for Youth © 2008

www.plaintalk.org

Advocates for Youth es una organización nacional sin fines de lucro cuya objetivo es crear programas y abogar por políticas que ayuden a que los jóvenes puedan tomar decisiones saludables con respecto al sexo.

 
Reproductive Health Outcomes & Contraceptive Use among U.S. Teens Print

Also available in [PDF] format.

Many U.S. teens do not use contraception and condoms consistently. As a result, each year many teens experience pregnancy, mostly unintended. Yet about half of all pregnancies among U.S. women each year are unintended. In fact, teens’ use of contraception and condoms mirrors that of adult women and men.

Pregnancy Rates in the United States Have Declined But Remain High

  • In 2004, teens accounted for about 11 percent of all the pregnancies among U.S. women, about 10 percent of the births, and just under 7 percent of the abortions.[1,2,3]
  • In the United States in 2004, there were 72.2 pregnancies per 1,000 women ages 15 through 19, including 1.6 per 1,000 teens under age 15; 41.5 per 1,000 teens ages 15 through 17; and 118.6 per 1,000 teens ages 18 and 19.[1]
  • Pregnancy rates in 2004 were higher among adult women than among teens. For example, there were 164 pregnancies per 1,000 women ages 20 through 24; 169 per 1,000 women ages 25 through 29; and 135 per 1,000 women ages 30 through 34.[1]
  • Between 1990 and 2004, U.S. adolescent pregnancy rates declined 38 percent among 15- to 19-year-old women; 53 percent among youth under age 15; 46 percent among 15- to 17-year-olds; and 30 percent among 18- to 19-year-olds.[1]
  • Teen pregnancy rates dropped in three major ethnic groups in 2004; yet pregnancy rates remained higher for black and Hispanic teens than for whites. Among teens ages 15 through 19, the pregnancy rate was 45 per 1,000 non-Hispanic whites; 128 per 1,000 non-Hispanic blacks; and 133 per 1,000 Hispanics.[1]

U.S. Birth Rates Rise

  • In 2006, American women gave birth to 4,265,996 infants, the largest number of births since 1961. Women ages 15 through 19 had about 10 percent (435,427) of the births, while women in their 20s had about 53 percent of the infants.[2]
  • Birth rates for U.S. teens ages 15 through 19 rose three percent, from 40.5 in 2005 to 41.9 per 1,000 in 2006, the first increase reported since 1991. At the same time, birth rates also rose among all age groups of adult women.[2]
  • Among U.S. teens ages 15 through 19, the birth rate was lowest among Asian and Pacific Islanders at 17 per 1,000. The birth rates were: 27 per 1,000 non-Hispanic whites; 55 per 1,000 American Indian/Alaska natives; 64 per 1,000 non-Hispanic blacks; and 83 per 1,000 Hispanics.[2]

Fewer Young Women Seek Abortions

  • Pregnancies among women ages 15 through 19 are more than twice as likely to end in live birth as in abortion.[1]
  • The proportion of abortions obtained by women younger than 20 has dropped steadily since 1974. In that year women younger than 20 accounted for 33 percent of all abortions; in 1989, 25 percent, and in 2004, only 17 percent.[3]
  • The number of abortions in the United States declined by 24 percent between 1990 and 2004, down from 1.61 million to 1.22 million. In 2004, the abortion rate was 19.7 per 1,000 women ages 15 through 44,[2,4] and 19.8 per 1,000 women ages 15 through 19.[4,5]
  • In 2004, the abortion rate was 11 per 1,000 non-Hispanic whites ages 15 through 19, down from 33 per 1,000 in 1990. Among Hispanic teens, the rate in 2004 was 27, down from 39 in 1990. For non-Hispanic black teens, the 2004 rate was 47, down from 84 in 1990.[1
  • Between 1990 and 2004, the abortion rate fell by two-thirds among non-Hispanic white teens, by almost a third among Hispanic teens, and by 44 percent among non-Hispanic black teens.[1]

Young People Experience the Greatest Proportion of Unintended Pregnancies

  • While about half of all pregnancies in the United States are unintended, rates of unintended pregnancy are highest among women ages 18 and 19 and 20 through 24.[6]
  • The proportion of unintended pregnancies remains highest among women under age 20. In other words, about 85 percent of teenage pregnancies are unintended compared to about 50 percent among adult women.[6]
  • Unintended pregnancy rates are about four times higher among women whose income is at or below the federal poverty line (112 per 1,000 women) than among women whose income is at least twice the federal poverty level (29 per 1,000).[6]

Contraceptive Use and Inconsistent Use Are Problematic Among American Women

  • Half of all unintended pregnancies occur among contraceptive users; 90 percent result from inconsistent or incorrect method use.[7]
  • By comparison, half of all unintended pregnancies occur among the relatively small percentage of women who use no contraception. For example, half of all unintended pregnancies among sexually active high school students occurs among the 88 percent who use contraception (even if inconsistently or incorrectly) and half occurs among the 12 percent who report using no method.[8,9]
  • Studies show that women with ambivalent attitudes toward pregnancy use contraceptives less consistently and less effectively than women who have clear, firm motivation to avoid pregnancy.[8]
  • In 2003, among sexually active high school students who reported using contraception: 14 percent used oral contraceptives; 49 percent used condoms only; six percent used both oral contraceptives and condoms; 11 percent relied on withdrawal; three percent on injected contraception; two percent on both condoms and injected contraception; two percent used an undefined method; and less than half of one percent used an undefined method and condoms. Twelve percent used no method.[9]
  • Research shows that males who reported engaging with their partner in more couple-like activities were more likely to have ever used and always used contraception as were females who had discussed contraception before sex.[10]
  • Research suggests that many teens make decisions about whether to use contraception and/or condoms within the context of each sexual relationship. While some studies indicate more consistent use in casual relationships than in regular or main relationships, other studies indicate that, the less familiar adolescents felt with a prospective partner, the less likely they were to use contraception, possibly because they felt less comfortable discussing sex, sexual histories, and contraception.[10]
  • Research also shows that male teens who did not use contraception during a first sexual relationship were 66 percent less likely to have used contraception in their latest relationship compared to males who used contraception at first sex.[9] Males who suffered sexual abuse in the past were far less likely to use contraception than males who never suffered such abuse.[8]
  • Female teens who did not use contraception during a first sexual relationship were less likely to have used it in their latest relationship. Females were also unlikely to use contraception if their partner was initially a stranger to them. And, females’ likelihood of using contraception was reduced by 20 percent for each additional partner they had ever had.[10]
Written by Sue Alford, MLS
© 2008 Advocates for Youth

References:
  1. Ventura SJ et al. Estimated pregnancy rates by outcome for the United States, 1990-2004. National Vital Statistics Reports 2008; 56(15):1-24; http://www.cdc.gov/nchs/data/nvsr/nvsr56/nvsr56_15.pdf; accessed 7/23/2008.
  2. Hamilton BE et al. Births: preliminary data for 2006. National Vital Statistics Reports 2007; 56(7):1-18; http://www.cdc.gov/nchs/data/nvsr/nvsr56/nvsr56_07.pdf; accessed 7/24/2008.
  3. Henshaw SK and Kost K. Trends in the Characteristics of Women Obtaining Abortions, 1974-2004. New York: Guttmacher Institute, 2008.
  4. Strauss LT et al. Abortion surveillance, United States, 2004. Morbidity & Mortality Weekly Report, Surveillance Summaries 2007; 56(SS09):1-33.
  5. Jones RK et al. Abortion in the United States: incidence and access to services, 2005. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2008; 40(1):6-16.
  6. Finer LB, Henshaw SK. Disparities in rates of unintended pregnancy in the United States, 1994 and 2001. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2006; 38(2):90-96.
  7. Frost JJ, Darroch JE. Factors associated with contraceptive choice and inconsistent method use, United States, 2004. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2008; 40(2):94-104.
  8. Frost JJ et al. Factors associated with contraceptive use and nonuse, United States, 2004. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2007; 39(2):90-99.
  9. Santelli JS et al. Contraceptive use and pregnancy risk among U.S. high school students, 1991-2003. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2006; 38(2):106-111.
  10. Manlove J et al. Contraceptive use and consistency in U.S. teenagers' most recent sexual relationships. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2004; 36(6): 265-275.
This publication is part of The Facts series.
 
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Until recently, adolescent pregnancy and birth rates in the United States had been slowly but steadily declining. But 2006 data showed a three percent rise in birth rates among 15- to 19-year-old women.1 Recent research also provides evidence of adolescents’ protective behaviors, both abstinence and contraceptive use. This paper describes recent trends in pregnancy, birth, and abortion rates, and offers findings on abstinence and contraceptive use among teens.

Pregnancies and Pregnancy Rates in the United States

  • In 2004, teens accounted for about 11 percent of all the pregnancies among U.S. women, about 10 percent of the births, and just under 10 percent of the abortions.[1,2,3]
  • In the United States in 2004, there were 72.2 pregnancies per 1,000 women ages 15 through 19, including 1.6 per 1,000 teens under age 15; 41.5 per 1,000 teens ages 15 through 17; and 118.6 per 1,000 teens ages 18 and 19.2
  • Pregnancy rates in 2004 were higher among adult women than teens. For example, there were 164 pregnancies per 1,000 women ages 20 through 24; 169 per 1,000 women ages 25 through 29; and 135 per 1,000 women ages 30 through 34.[2]
  • Between 1990 and 2004, U.S. adolescent pregnancy rates declined 38 percent among 15- to 19-year-old women; 53 percent among youth under age 15; 46 percent among 15- to 17-year-olds; and 30 percent among 18- to 19-year-olds.[2]
  • Teen pregnancy rates dropped in three major ethnic groups yet remained higher for black and Hispanic teens than for whites. In 2004, among teens ages 15 through 19, the pregnancy rate was: 45 per 1,000 non-Hispanic whites; 128 per 1,000 non-Hispanic blacks; and 133 per 1,000 Hispanics.[2]
  • In one study, bisexual and lesbian teens, although about equally likely to have had sex as their heterosexual peers, had more than twice the proportion of pregnancies (12 versus five percent, respectively).[4]

U.S. Births and Birth Rates

  • In 2006, American women gave birth to 4,265,996 infants, the largest number of births since 1961. Women ages 15 through 19 accounted for about 10 percent (435,427) of the births, while women in their 20s had about 53 percent of the infants.[1]
  • Birth rates for U.S. teens ages 15 through 19 rose three percent, from 40.5 in 2005 to 41.9 per 1,000 in 2006, the first increase reported since 1991. At the same time, birth rates also rose among all age groups of adult women.[1]
  • Among U.S. teens ages 15 through 19, the birth rate was lowest among Asian and Pacific Islanders at 17 per 1,000. The rates were: 27 per 1,000 non-Hispanic whites; 55 per 1,000 American Indian/Alaska natives; 64 per 1,000 non-Hispanic blacks; and 83 per 1,000 Hispanics.[1]

Abortion in the United States

  • Pregnancies among women ages 15 through 19 are more than twice as likely to end in live birth as in abortion.[2]
  • The proportion of abortions obtained by women younger than 20 has dropped steadily since 1974. In that year women younger than 20 accounted for 33 percent of all abortions; in 1989, 25 percent, and in 2004, only 17 percent.[5]
  • The number of abortions in the United States declined by 24 percent between 1990 and 2004, down from 1.61 million to 1.22 million. In 2004, the abortion rate was 19.7 per 1,000 women ages 15 through 44 and 19.8 per 1,000 teens ages 15 through 19.[3,6]
  • Among white, black, and Hispanic teens, abortion rates fell but remained lowest for white teens. In 2004, the rate was 11 per 1,000 non-Hispanic whites ages 15 through 19, down from 33 per 1,000 in 1990. Among Hispanic teens, the rate in 2004 was 27 per 1,000, down from 39 in 1990. For non-Hispanic black teens, the 2004 rate was 47 per 1,000, down from 84 in 1990.[2]
  • As the 1990 and 2004 rates show, the abortion rate fell by two-thirds among non-Hispanic white teens, by almost a third among Hispanic teens, and by 44 percent among non-Hispanic black teens.[2]

Unintended Pregnancy

  • While about half of all pregnancies in the United States are unintended, rates of unintended pregnancy are highest among women ages 18 and 19 and 20 through 24.[7]
  • The proportion of unintended pregnancies remains highest among women under age 20. In other words, about 85 percent of teenage pregnancies are unintended compared to 50 percent  of pregnancies among adult women.[7]
  • Unintended pregnancy rates are about four times higher among women whose income is at or below the federal poverty line (112 per 1,000 women) than among women whose income is at least twice the federal poverty level (29 per 1,000).[7]

U.S. Teens Report Delaying Sex Longer than in the Past

  • In 2007, 52 percent of all U.S. high school students reported never having had sexual intercourse. The proportions who never had sex decreased as teens grew older. For example, 67 percent of students in ninth grade reported never having had sex compared to 35 percent of students in twelfth grade.[8]
  • Abstinence rates increased between 1991 and 2007 by gender and by race/ethnicity. In 1991, 49 percent of teen females in high school said they had never had sex, compared to 54 percent in 2007. Among males, the numbers were 43 and 50 percent, respectively.[8,9]
  • Fifty percent of white students said they never had sex in 1991, compared to 56 percent in 2007. Among Hispanic students, the numbers were 47 and 48 percent, respectively; and among blacks, 19 and 34 percent, respectively.[8,9]
  • In one study, only 14 percent of gay, lesbian, and bisexual high school students had never had sex, compared to 52 percent of their heterosexual peers.[10]

U.S. Teens Initiate Sex Later than Peers in Some Countries but Do Not Use Contraception as Well

  • In the United States, the typical age at first sexual intercourse is 17.5 [13] compared to 16.7 in Great Britain, 16.4 in the Netherlands, and 17.1 in France.[14]
  • Although U.S. teens report using contraception and/or condoms far more often than their peers of previous decades, they still use contraception or condoms less consistently than their peers in Europe. For example, 14 percent of sexually experienced U.S. female teens recently reported using oral contraceptives at most recent sex, compared to 26 percent of French, 55 percent of German, and 61 percent of Dutch teens. Among sexually experienced males, 73 percent of U.S. teens reported condom use at most recent sex compared to 88 percent of French, 83 percent of German, and 85 percent of Dutch teens.[8,15]
  • A study on the effect of virginity pledges found that, in early and middle adolescence, pledging delayed the transition to first sex by as much as 18 months. Pledging only worked when not more than about one-third of students pledged. Moreover, when they broke the pledge, these teens were one-third less likely to use contraception at first sex than were their non-pledging peers.[11] Said the lead researcher, "If we consider the enhanced risk of failure to contraception against the benefit of delay, it turns out that with respect to pregnancy, pledgers are at the same risk as non-pledgers. There is no long-term benefit to pledging in terms of pregnancy reduction, unless pledgers use contraception at first intercourse."[12]

Sexually Active Teens' Use of Condoms Is Up but Leveling Off

  • In U.S. studies, 70 percent of women and 69 percent of men ages 15 to 19 reported condom use at first sex.[16]
  • Among sexually active U.S. high school youth in 2007, 62 percent reported using a condom during most recent sex—a significant increase over 46 percent in 1991, but less than the 63 percent so reporting in 2005.8,9
  • In 2007, black sexually active high school students were more likely than their Hispanic or white peers to report condom use (67, 61, and 60 percent, respectively).[8]
  • In one study, fewer gay, lesbian, and bisexual high school students reported condom use at most recent sex than their heterosexual peers (51 and 58 percent, respectively).[10]

Sexually Active Youth Need Support to Use Contraception Consistently and Correctly

  • Among sexually active high school students who reported using contraception in 2003: 14 percent used oral contraceptives; 49 percent used condoms only; six percent used both oral contraceptives and condoms; 11 percent relied on withdrawal; three percent, on injected contraception; two percent, on both condoms and injected contraception; two percent used an undefined method; and less than half of one percent used an undefined method and condoms. Twelve percent used no method.[17]
  • Experts say that half of all unintended pregnancies occur among contraceptive users and that 90 percent of these pregnancies result from inconsistent or incorrect use of a method rather than from method failure.[18]
  • By comparison, half of all unintended pregnancies occur among the relatively small percentage of women who use no contraception. For example, half of all unintended pregnancies among sexually active high school students occurs among the 88 percent who report using contraceptives (even if inconsistently or incorrectly) and half occurs among the 12 percent who report using no method.[17,18]
  • Studies show that women with ambivalent attitudes toward pregnancy use contraceptives less consistently and less effectively than women who have clear, firm motivation to avoid pregnancy.[19] For example in one study, inconsistent use of condoms was most common among women who felt that avoiding pregnancy was only a little important or not important compared to those who thought it was very important (77 versus 55 percent).[18]
  • Another study found that women who switched methods were at higher risk of unintended pregnancy than were women who used the same method over time, mostly due to difficulty adjusting to a new method or restarting after a period of nonuse.[19]
  • Research shows that male and female teens’ contraceptive use in their first sexual relationship was significantly associated with contraceptive use in later relationships. Conversely, males who did not use contraception during a first sexual relationship were 66 percent less likely than other males to use contraception in their current relationship. Females who did not use contraception at first sex were also less likely than other females to use contraception in later relationships.[20]
  • Males who reported engaging with their partner in more couple-like activities were almost twice as likely to have ever used and always used contraception. For females, having discussed contraception before sex was also associated with increased odds of having ever used and consistently used contraception in later relationships.[20]
  • Research suggests that many teens make decisions about whether to use contraception and/or condoms within the context of each sexual relationship. While some studies indicate more consistent use in casual relationships than in regular or main relationships, other studies indicate that, the less familiar adolescents felt with a prospective partner, the less likely they were to use contraception, possibly because they felt less comfortable discussing sex, sexual histories, and contraception.[20
  • For females, if a partner was initially a stranger to her, she was less likely to use contraception than if he had been previously known to her.20 In addition, females’ likelihood of using contraception was reduced by 20 percent for each additional partner they had ever had.[20]
  • Research also shows that males who suffered sexual abuse in the past were far less likely to use contraception than males who never suffered such abuse.[19]

Pressure, Lack of Knowledge, and Worries about Confidentiality Affect Teens’ Use of Contraception

  • In one study, eight percent of sexually experienced young women cited pressure from their partner as a factor in having sex for the first time. Seven percent cited pressure from their friends. Among young men, the percentages were one and 13 percent, respectively.[21]
  • When polled, 32 percent of U.S. teens believed condoms were not effective in preventing HIV; 22 percent believed that birth control pills were not effective in preventing pregnancy. In addition, 66 percent said they would feel suspicious or worried about their partner's past, if he/she suggested using a condom and 49 percent would worry that the partner was suspicious of them; 20 percent would feel insulted.[22]
  • In another study, 83 percent of sexually active women under age 18 indicated that mandatory parental notification would cause them to stop using some or all confidential sexual health services; 57 percent said they would stop using hormonal contraception and use condoms instead; 29 percent said they would have unprotected sex. Only one percent would stop having sex.[23]
  • Studies have shown that homophobia and violence are significant barriers to protective behaviors among lesbian, gay, bisexual, and transgender youth. These stressors damage youth’s self-esteem and may result in homelessness and a need to exchanged sex for shelter, food, and/or safety.[24]
Written by Sue Alford, MLS
© 2008 Advocates for Youth

References:
  1. Hamilton BE, Martin JA, Ventura SJ. Births: preliminary data for 2006. National Vital Statistics Reports 2007; 56(7):1-18; http://www.cdc.gov/nchs/data/nvsr/nvsr56/nvsr56_07.pdf; accessed 7/24/2008.
  2. Ventura SJ, Abma JC, Mosher WD et al. Estimated pregnancy rates by outcome for the United States, 1990-2004. National Vital Statistics Reports 2008; 56(15):1-24; http://www.cdc.gov/nchs/data/nvsr/nvsr56/nvsr56_15.pdf; accessed 7/23/2008.
  3. Strauss LT, Gamble SB, Parker WY et al. Abortion surveillance, United States, 2004. Morbidity & Mortality Weekly Report, Surveillance Summaries 2007; 56(SS-9):1-33.
  4. Saewyc EM, Magee LL, Pettingell SE. Sexual intercourse, abuse and pregnancy among adolescent women: does sexual orientation make a difference? Family Planning Perspectives 1999; 31:127-31.
  5. Henshaw SK and Kost K. Trends in the Characteristics of Women Obtaining Abortions, 1974-2004. New York: Guttmacher Institute, 2008.
  6. Jones RK, Zolna MRS, Henshaw SK et al. Abortion in the United States: incidence and access to services, 2005. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2008; 40:6-16.
  7. Finer LB, Henshaw SK. Disparities in rates of unintended pregnancy in the United States, 1994 and 2001. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2006; 38:90-96.
  8. Eaton DK, Kann L, Kinchen S et al. Youth risk behavior surveillance, United States, 2007. Morbidity & Mortality Weekly Report 2008; 57(SS-4):1-138; http://www.cdc.gov/HealthyYouth/yrbs/pdf/yrbss07_mmwr.pdf; accessed 6/11/2008.
  9. Eaton DK, Kann L, Kinchen S et al. Youth risk behavior surveillance, United States, 2005. Morbidity & Mortality Weekly Report 2006; 55(SS-5):1–108.
  10. Blake SM, Ledsky R, Lehman T et al. Preventing sexual risk behaviors among gay, lesbian, and bisexual adolescents: the benefits of gay-sensitive HIV instruction in schools. American Journal of Public Health 2001; 91:940-46.
  11. Bearman PS, Brückner H. Promising the Future: Virginity Pledges as They Affect Transition to First Intercourse. New York: Columbia University, 2000.
  12. Bearman P. [Letter; quoted with permission]. New York: Columbia University, 2002.
  13. Guttmacher Institute. Facts on Young Men’s Sexual & Reproductive Health [In Brief] New York: Author, 2008; http://www.guttmacher.org/pubs/fb_YMSRH.pdf; accessed 8/7/2008.
  14. IPPF European Network, the SAFE Project. Sexuality Education in Europe. Brussels, Belgium: Author, 2006; http://www.euro.who.int/Document/RHP/SexEd_in_Europe.pdf; accessed 7/7/2008.
  15. Godeau EC, Gabhainn SN, Vignes C et al. Contraceptive use by 15-year-old-students at their last sexual intercourse: results from 15 countries. Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine 2008; 162:66-73.
  16. Mosher WD, Martinez GM, Chandra A et al. Use of contraception and use of family planning services in the United States: 1982-2002. Advance Data 2004; #350:1-36.
  17. Santelli JS, Morrow B, Anderson JE et al. Contraceptive use and pregnancy risk among U.S. high school students, 1991-2003. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2006; 38:106-111.
  18. Frost JJ, Darroch JE. Factors associated with contraceptive choice and inconsistent method use, United States, 2004. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2008; 40:94-104.
  19. Frost JJ, Singh S, Finer LB. Factors associated with contraceptive use and nonuse, United States, 2004. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2007; 39:90-99.
  20. Manlove J, Ryan S, Franzetta K. Contraceptive use and consistency in U.S. teenagers' most recent sexual relationships. Perspectives on Sexual & Reproductive Health 2004; 36:265-275.
  21. Kaiser Family Foundation & YM Magazine. National Survey of Teens: Teens Talk about Dating, Intimacy, and Their Sexual Experiences. Menlo Park, CA: The Foundation, 1998.
  22. Kaiser Family Foundation. Safer Sex, Condoms, and ‘The Pill’: A Series of National Surveys of Teens about Sex. Menlo Park, CA: The Foundation, 2000.
  23. Reddy DM, Fleming R, Swain C. Effect of mandatory parental notification on adolescent girls’ use of sexual health care services. JAMA 2002; 288:710-714.
  24. Savin-Williams RC. Verbal and physical abuse as stressors in the lives of lesbian, gay male, and bisexual youths: association with school problems, running away, prostitution, and suicide. Journal of Consulting & Clinical Psychology 1994; 62:261-269.
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Components of Promising Peer Led Sexual Health Programs Print

The prevalence of sexual risk behaviors among teenagers and young adults demands continued attention. Eighty five percent of the teenage pregnancies that occur each year are unintended.1 Each year, about three million teens contract a sexually transmitted disease (STD).2 While condom use rates are rising, only 54 percent of sexually active, in-school teens report consistent use.3 Finding effective ways to educate and motivate young people to avoid sexual risk behaviors is an ongoing challenge. Peer education*, with its grounding in social learning theory, draws upon the resources and existing social networks of young people to engage them in disease and pregnancy prevention among their peers. Peer education is experiencing a boom in popularity as programs are established in schools and universities, clinics, youth serving organizations, community based groups, and religious institutions.

Overwhelming amounts of anecdotal evidence vouch for the positive effects of peer education. Even more significantly, preliminary research indicates the promise and exciting possibilities of peer education. Despite the compelling stories and promising research, however, more scientific evaluation is needed. Specifically, more impact evaluation data must be collected and analyzed before peer education can be unequivocally touted as an effective prevention method.

While the goals of peer education programs may be similar, the philosophies and methods guiding such programs are often very different. Currently, centralized monitoring does not exist for the hundreds of peer education initiatives being implemented. Assistance in designing programs can be expensive and hard to find. As with any approach, certain programs will be more successful than others. This monograph presents a synthesis of elements of the most promising prevention strategies identified and used by peer led sexual health programs.4,5,6,7,8 By using the existing body of knowledge, program funders, planners, coordinators, and administrators can make the best use of scarce prevention dollars and maximize the positive benefits of programs for peer educators, their audiences, and the sponsoring organizations.

Designing the Program

  • Begin with a clearly defined target population. Consider age, gender, race/ethnicity, sexual orientation, socioeconomic factors, neighborhoods, whether the youth are in or out-of-school, etc. If data is available from local health departments, consider which groups of youth appear to have the highest rates of STDs or unintended pregnancy when targeting the intervention. Research other existing programs, and look for underserved members of the community.
  • Include members of the defined population from the beginning of the planning process. This means youth. Their participation will ensure that the program is a product of the community, helping create a feeling of ownership in the program and its goals rather than that it has been foisted upon the community by 'outsiders.' Youth must be invited not merely as tokens but as full participants. Young people should be present from the beginning, and their opinions and suggestions considered seriously. Meetings should be after school, accessible by public transportation or with transportation provided. Snacks and, perhaps, childcare can also help to keep young representatives participating.
  • Set a clearly defined program with realistic goals and objectives. One program cannot address all the issues facing teens, and a group of ten teenagers will not be able to reduce rates of STDs or pregnancy in a state, county, or town in six months. However, ten teenagers could present 12 workshops to 200 students over a period of 9 months and host a health fair that reaches 350 students or, over the period of 6 months, implement a curriculum in 10 health classes at the local high school, reaching 70 students. A time period and the number of people to be reached for each objective will help define the program and target population as well as ensure measurable goals and objectives.
  • Plan realistically for evaluation in the time line and budget. Whether a detailed process evaluation or a long-term impact evaluation, it must be planned from the beginning, or data gathered will be partial and inconclusive. The quantifiable objectives developed for the program will define the data to be gathered. Changes in knowledge will be measured by pre- and post-testing peer educators and participants. Process evaluation data may include numbers and characteristics of program activity participants, post-workshop satisfaction measures, focus groups data from workshop participants, and peer educator journal entries recording activities and referrals. Evaluation is a worthy investment. Demonstrating success encourages funders to support the program. Process evaluation allows ongoing assessment program strengths and weaknesses.
  • Find the right person or people to coordinate the program. Much of the success of a peer education program will rest on the program coordinator(s) who must understand youth and enjoy working with them. The coordinator must also be comfortable with the goals and objectives of the program. The coordinator should display a non-judgmental perspective while establishing high standards of expectation for program participants.

Implementing the Program

  • Recruit peer educators from a broad base of potential candidates. Consider opinion leaders within the defined population, but look also for those who strongly believe in the program's goals and objectives and want to help achieve them. Some of the most effective peer educators do not initially appear to be ideal candidates. Successful recruiters will search out young people, rather than simply expecting them to respond to a flyer or notice. Enlist teachers and other community and agency staff to make recommendations and to publicize the program among their youth.
  • Decide what incentives the program will provide for the peer educators. Some programs offer school credit or volunteer service hours. Local merchants may be willing to donate shirts, snacks, or discount coupons. Other programs build peer educator wages into their budgets. Programs that do not pay the peer educators may attract a limited or non-representative group of candidates.
  • Provide sufficient training for the peer educators. Skills development is as crucial as knowledge. Training empowers peer educators to recognize when to refer a peer to a professional. The training should model the supportive and interactive techniques that peer educators themselves will use. Successful programs will have ongoing training for the peer educators, times to practice existing skills and to develop new ones.
  • Select a curriculum to maximize interactive and experiential learning. Peer education works best when young people work with one another to learn new things or to develop new skills. Youth lectures are no more effective than adult lectures. Peer educators should be trained in facilitating and processing as well as in giving clear directions. Peer educators gain ownership of the program when they play a role in deciding which activities to use or in designing new ways to present the information.
  • Remember that research shows peer education to be most effective when part of a comprehensive initiative. Link peer educators with school nurses, 'youth friendly' local clinics, community agencies, and programs with similar goals. Ensure that peer educators know when and where to refer another young person. A local health professional from a teen clinic or other 'youth friendly' health provider may serve as an advisor to the peer educators and program staff and as a link to health services.
  • Monitor the peer educators' work. After the initial training, peer educators will need ongoing supervision of their work and training. Peer educators should keep a log of informal activities. Monitoring will highlight skills or knowledge that need strengthening. Feedback will also help the young people become more skillful and effective educators.
  • Provide ongoing encouragement and support. Peer educators work hard and their work is not always easy. Positive feedback and support will help keep trained youth involved, as will encouraging them to support each other and providing occasional incentives, such as pizza parties or small trips.
  • Expect attrition and have a formal structure for recruiting and training new peer educators. Youth have many competing interests; some may decide they do not enjoy being peer educators. Exit interviews will help gauge whether they are leaving for personal or programmatic reasons. Involving current peer educators in the recruitment and training of new peer educators will also empower them and help them develop new skills.
  • Provide opportunities for peer educators to give feedback about the program, its activities, and their own performance. The peer educators usually know what they need to become more effective and to enjoy their work more.
  • Finally, promote the program. Develop literature showcasing services and highlighting accomplishments. Positive stories from the peer educators and feedback from workshop participants will enliven databased reports. These materials will increase visibility and encourage potential funders to invest in to peer education program.

Written by Jane Norman, February 1998

Sources for Information, Technical Assistance, and Curricula

Guide to Implementing TAP: Teens for AIDS Prevention

A step-by-step guide to developing and implementing an HIV prevention peer education program in schools and communities. The guide is available online. For ordering information, contact 2000 M Street NW, Suite 750, Washington, DC 20036; or call 202.419.3420.

Peer Education… a Little Help from Your Friends: A How-To Manual

Developed by Planned Parenthood Centers of Western Michigan, this 40-hour comprehensive health training provides a multitude of original as well as adapted ideas, activities, and materials. For ordering information, contact Planned Parenthood Centers of West Michigan, 425 Cherry SE, Grand Rapids, MI 49503; or call 616/774-7005.

Healthy Oakland Teens

A school-based, peer-led AIDS prevention program for junior high school students. Evaluation showed that students who received AIDS prevention counseling from their peers were significantly less likely to engage in potentially risky vaginal intercourse than students who were not involved in the peer-led counseling. The curriculum is available via the Center for AIDS Prevention Studies Web site, along with a Knowledge, Attitudes, Behavior, Belief questionnaire for use with teens and pre-teens. URL: http://www.caps.ucsf.edu/capsweb/hotindex.html. Contact Center for AIDS Prevention Studies, 74 New Montgomery, Suite 600, San Francisco, CA 94105; or call 415/597-9100.

Peer Facilitator Quarterly

The official publication of the National Peer Helpers Association. For subscription information, contact the National Peer Helpers Association, PO Box 10627, Gladstone, MO 64188-0627; or call 877/314-7337.

PeerHelp: A New LISTSERV for Peer Helper Programs and Training

Created to help those interested in peer helping share information such as ideas, techniques, and resources this requires access to electronic mail. For more information or to subscribe, contact Dr. Russell Sabella, School of Education, University of Louisville, Louisville, KY 40292: or call 502/852-0625; E-mail: This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it .

References

* A note about terminology: although many people use the terms peer helping, peer tutoring, peer counseling, and peer education interchangeably, they represent different concepts and different goals. For the purposes of this document, peer education refers to sexual health workshops given by and for adolescents.

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La prevención del VIH/ETS y los hombres jóvenes que tienen relaciones sexuales con hombres Print

También disponible en inglés [HTML].

La prevención del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS) que está dirigida a hombres homosexuales raramente responde a las necesidades de los hombres jóvenes que tienen relaciones sexuales con hombres (siglas en inglés YMSM*). Algunos YMSM no prestan atención a los mensajes dirigidos a homosexuales porque no se identifican como tales. Muchos YMSM temen el estigma social y la violencia—intensificados algunas veces por la cultura y la religión—dirigidos a quienes se identifican como tales. Otros se identifican como bisexuales y no internalizan los mensajes dirigidos a los homosexuales. Algunos adolescentes varones, inseguros de su orientación sexual, ven las relaciones sexuales con personas del mismo sexo como experimentales y pasajeras. Debido a que rara vez se identifican como homosexuales, estos YMSM pueden no reconocer los comportamientos inseguros que los ponen en riesgo de infección por el VIH/ETS.1,2

Por otra parte, los programas de prevención del VIH/ETS dirigidos a adolescentes suelen excluir a los YMSM. La mayoría de los esfuerzos de prevención llevados a cabo en las escuelas intentan convencer a todos los adolescentes de que son susceptibles al VIH/ETS. De esta manera, estos programas inadvertidamente excluyen los mensajes dirigidos específicamente a los YMSM. Los currículos escolares que contienen mensajes como "el SIDA no es una enfermedad de homosexuales" pueden llevar a que algunos YMSM que se identifican como tales piensen que no están en riesgo. Algunos programas escolares deliberadamente ignoran la existencia de jóvenes que se identifican como homosexuales y de YMSM que no se identifican como homosexuales. Estas deficiencias en los mensajes de prevención subestiman la necesidad de programas que se enfoquen en YMSM, al margen de la autoidentificación, y que contengan mensajes que reconozcan y reflejen la diversidad entre los YMSM.

Muchos YMSM manifestan comportamientos que los ponen en riesgo de infección con VIH/ETS

Según varios estudios, entre el 27% y el 48% de YMSM habían practicado sexo anal sin protección durante los previos seis meses.3,4,5 En un estudio, el 63% de los YMSM habían corrido "riesgos extremos" de previa exposición al VIH por sexo anal sin protección y/o el uso de drogas inyectables.6 Al igual que otros adolescentes, muchos YMSM pasan por una etapa de experimentación sexual caracterizada por múltiples compañeros sexuales. El riesgo de contraer el VIH/ETS aumenta con el número de compañeros sexuales. En un estudio, el 44% de los YMSM dijieron que habían tenido por lo menos 10 compañeros sexuales.5 Algunos YMSM exploran sus sentimientos o tratan de esconder o cambiar su orientación sexual a través de tener sexo con mujeres jóvenes. Un estudio indicó que los YMSM que tienen sexo con mujeres son hasta dos veces más propensos a tener sexo sin protección con sus compañeros sexuales masculinos que los que sólo tienen sexo con hombres.7

La comunicación asertiva con los compañeros acerca del sexo más seguro es muchas veces difícil para los YMSM que no tienen modelos a imitar o una educación sexual adecuada, pero que están explorando relaciones íntimas con hombres.6 Como los adolescentes están 10 a 17 veces más predispuestos a usar condones si se sienten cómodos hablando del SIDA con sus compañeros, los YMSM que no tienen apoyo y destrezas están en riesgo de tener sexo inseguro.8 Un estudio indicó que los YMSM discutieron el uso de condones con menos de un tercio de sus últimos tres compañeros y su status respecto al VIH con aún menos compañeros.6 El no conocer bien al compañero también puede entorpecer la comunicación acerca del sexo más seguro. En efecto, un estudio indicó que, después del asalto sexual, los encuentros sexuales en lugares anónimos constituyen el factor que mejor predice el sexo sin protección entre los YMSM.7 Por otro lado, algunos YMSM creen que las relaciones estables los protegerán del VIH y usan condones con menos frecuencia en estas relaciones.3,6,9

Por falta de apoyo social en una sociedad homofóbica, muchos YMSM empiezan usar alcohol y drogas. Comparados con los jóvenes heterosexuales, los jóvenes homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgénero están dos veces más predispuestos a usar alcohol, tres veces más predispuestos a usar marihuana y a mostrar síntomas serios del abuso de drogas, y ocho veces más predispuestos a usar cocaína.9,10 El uso de alcohol o drogas hace que la negociación del sexo más seguro sea más difícil y aumenta la probabilidad de tener sexo sin protección.11,12

Es más factible que los comportamientos sexuales de riesgo resulten en la transmisión del VIH en poblaciones donde ya existe un alto porcentaje de infección.13 Un estudio de YMSM en seis condados urbanos indicó que entre el 5% y el 9% de los YMSM estaban infectados con el VIH.4 A nivel nacional, la categoría principal de exposición al VIH para adolescentes varones de 13 a 19 años es la del sexo con personas del mismo sexo, constituyendo el 46% de los casos cumulativos de VIH y el 34% de los casos cumulativos de SIDA. Entre jóvenes de 20 a 24 años la proporción de casos aumenta al 55 y al 63%, respectivamente.14 En una encuesta entre YMSM que tomaron la prueba para detectar el VIH, 70% de los que resultaron VIH-positivos no sabían que estaban infectados.3

La homofobia social pone a los YMSM en mayor riesgo

Hasta un 80% de los jóvenes homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgénero reportan sentirse aislados socialmente y emocionalmente.15 Cambios físicos y psicológicos ponen a muchos adolescentes en riesgo de infección por VIH/ETS, pero los jóvenes con dudas acerca de su orientación sexual enfrentan un riesgo más alto porque ellos "de manera particular…crecen sintiéndose diferentes y solos."16 Usualmente a los jóvenes homosexuales, lesbianas, bisexuales, y transgénero les falta apoyo de sus pares y muchas veces enfrentan abuso verbal y físico debido a su orientación sexual. Una cuarta parte de YMSM se ve forzada a abandonar su hogar a causa de su orientación sexual; hasta la mitad de estos jóvenes recurren a la prostitución para mantenerse—aumentando significativamente su riesgo de tener sexo sin protección.17 Los YMSM suelen no tener modelos positivos debido a que muchos adultos homosexuales tienen miedo de revelar su orientación sexual.

Como otros adolescentes, los YMSM necesitan relaciones íntimas; pero muchas veces tienen que obtenerlas sin apoyo o aprobación social. Al esconder sus identidades y deseos, muchos YMSM tienen una necesidad de afecto que sobrepasa cualquier otra preocupación, incluyendo su salud. La hostilidad social hacia las relaciones íntimas entre personas del mismo sexo puede hacer que para los YMSM éstas sean "la única forma de…escapar el aislamiento social y emocional."1

Los YMSM pueden internalizar la homofobia, y algunos llegan a creer los mitos de que los hombres homosexuales no pueden mantener relaciones y que están destinados a morir del SIDA.18 Muchas veces la homofobia internalizada resulta en una autoestima baja y depresión. De hecho, los YMSM son siete veces más predispuestos a intentar suicidio que los jóvenes heterosexuales.19 Mientras los jóvenes heterosexuales visualizan su futuro hasta los 50 años, muchos adolescentes homosexuales no se imaginan sus vidas más allá de los 33 años.19 Muchos YMSM creen que no hay nada bueno en llegar a ser un adulto homosexual. Un YMSM respondió, "muchos jóvenes homosexuales [creen] que el VIH…significa que no voy a estar aquí en 10 a 15 años, y yo no quiero estar aquí [en ese momento]."19

Muchos hombres homosexuales de mayor edad conocieron el SIDA a través de la muerte de amigos, y su sensación de pérdida personal creó un cambio sin precedentes en los comportamientos de riesgo dentro de la comunidad gay adulta.13 Aunque los YMSM que consistentemente practican sexo anal más seguro se perciben como susceptibles al VIH,20 pocos han presenciado las consecuencias fatales del sexo inseguro, y muchos no se sienten particularmente susceptibles al VIH. Aunque el apoyo de los pares con respecto al sexo más seguro es una de las mejores maneras de fomentar el uso de condones, muchas veces los YMSM no tienen este apoyo.3,21 Algunos YMSM pueden asociar el VIH con homosexuales mayores y asumir que sus compañeros jóvenes, aparentemente saludables, son VIH-negativos. Al faltarles modelos que sean VIH-negativos, algunos YMSM consideran la infección con VIH como un ritual de paso hacia la vida de la comunidad homosexual adulta.16 El considerarse invulnerables es una característica de los jóvenes pero es especialmente un problema para los YMSM, teniendo en cuenta su riesgo de contraer el VIH y sus tasas más bajas de sexo más seguro, comparadas con las de los homosexuales de mayor edad.22

El racismo pone a los YMSM de color en más alto riesgo

Los YMSM de color enfrentan dos tipos de discriminación—racismo y homofobia—que pueden aumentar su riesgo de contraer el VIH. En efecto, los YMSM de color tienen tasas más altas de VIH/SIDA que los YMSM blancos. En un estudio, el 7.8% de latinos, el 12.5% de asiáticos y el 14.3% de afroamericanos estaban infectados con el VIH—mucho más que el 3.9% de los YMSM blancos.5 Algunos YMSM de color pueden estar más predispuestos a no tener una noción adecuada de su riesgo de contraer el VIH que los YMSM blancos.13,24 En un estudio, el 64.3% de YMSM indo-americanos dijeron que habían practicado sexo anal sin protección, siendo esto más de lo que fue reportado por cualquier otro grupo étnico-racial.5

Estas diferencias suelen deberse a la falta de intervenciones cultural y lingüísticamente apropiadas para las comunidades de color. Debido a las barreras creadas por la homofobia y el racismo, las intervenciones para los YMSM de color tendrían que enfocarse tanto en estrategias comunitarias que reflejen los matices culturales como en cambios de comportamiento individual.23,24 Por ejemplo, un estudio sugiere que las intervenciónes deben concentrarse en aumentar la capacidad colectiva de los YMSM afroamericanos para enfrentar el VIH y desarrollar la tolerancia hacia los YMSM dentro de las comunidades afroamericanas.24

Los programas efectivos deben desarrollar destrezas y afirmar el valor de los YMSM

La falta de información, información errónea y la homofobia son comunes en la educación sexual que se imparte en las escuelas.25 Algunos educadores deciden o son obligados a enseñar que el comportamiento homosexual es inaceptable. Muchos asumen que todos los estudiantes son heterosexuales y enseñan la reducción de riesgo solamente en términos de contacto heterosexual o enseñan abstinencia sexual hasta el matrimonio—conceptos que frecuentemente son poco pertinentes para los YMSM. El no proveer educación para reducir los riesgos entre los YMSM implica que ellos no existen y se les niega "…instrucción acerca de cómo manejar sus vidas sexuales responsablemente."9,13

El uso de información homofóbica en la educación para la prevención del VIH/ETS es particularmente inquietante porque los esfuerzos de prevención que son realistos y balanceados pueden realizar cambios de comportamiento. Después de una intervención dirigida a los YMSM, el sexo anal sin protección disminuyó un 60% y el uso de condones para sexo anal aumentó un 50%.26

A pesar de que los YMSM suelen demostrar un buen conocimiento acerca de la transmisión del VIH, demasiados participan en actividades de alto riesgo.2,6 Esto evidencia que el conocimiento de por sí no produce cambios de comportamiento. Para ser efectiva, la prevención del VIH/ETS debe considerar los factores sociales y de desarrollo individual que conducen a los comportamientos de riesgo y desarrollar destrezas que traduzcan el conocimiento en cambios de comportamiento. Los siguientes componentes críticos para la prevención del VIH/ETS han sido obtenidos a través de estudios.

  • Adaptar los programas para incluir a los YMSM. Los programas desarrollados para todos los jóvenes deben abordar el tema de la orientación sexual e incluir discusiones acerca de sexo anal así como formas de reducir los riesgos de transmisión del VIH/ETS. Los programas deben incluir términos como "pareja sexual" y "comportamiento sexual con personas del mismo sexo." Además, los YMSM necesitan intervenciones diseñadas especialmente para ellos.
  • Involucrar a la juventud. Los grupos de apoyo entre pares proveen oportunidades—al margen de los encuentros sexuales—en que los YMSM pueden compartir sus emociones y experiencias, aliviar sus sentimientos de soledad y desarrollar sistemas de apoyo. Involucrar a los YMSM en el diseño e implementación de programas reduce sus comportamientos de riesgo y fomenta su espíritu de autodeterminación y autoestima.
  • Fomentar el sentido de valor propio. La prevención debe afirmar el valor de los YMSM y crear un contexto que fomente los comportamientos sexuales responsables. Las sesiones de consejería individual son muy efectivas al inicio de estas intervenciones.
  • Satisfacer las necesidades de los jóvenes. Poner atención en las necesidades identificadas por los YMSM, no por los adultos. Esto puede incluir: patrocinar grupos de apoyo, desarrollar destrezas para las relaciones de pareja, y proveerles de mentores u otros modelos de comportamiento.
  • Enseñar destrezas. Los programas deben enseñar destrezas. Las habilidades de usar condones, negociar sexo más seguro, construir relaciones, comunicarse con sus compañeros regulares o casuales, tomar decisiones y decir "no", fortalecen a los adolescentes para la toma decisiones saludables.27
  • Proveer apoyo constante. Como es difícil mantener los cambios de comportamiento, las poblaciones en alto riesgo requieren apoyo continuo y refuerzo. Para prevenir una recaída en comportamientos inseguros, los programas de prevención deben tomar en consideración que las necesidades de los YMSM cambian a medida que se van haciendo adultos.
  • Empezar temprano. Como el indicador más importante de los comportamientos de riesgo para la infección con VIH/ETS entre los jóvenes es su historia sexual, la prevención es más efectiva cuando se empieza antes de que comiencen a ser sexualmente activos.28,29 La prevención del VIH/ETS, que busca avanzar de acuerdo al desarrollo de los jóvenes, debe comenzar en la adolescencia temprana y apoyar tanto un comportamiento sexual responsable como conceptos saludables acerca de uno mismo. La educación sexual que se imparte en las escuelas puede reducir eficazmente los comportamientos sexuales de riesgo, sin aumentar la actividad sexual.
  • Crear programas dirigidos específicamente para los YMSM de color. Los estudios indican que los programas tienen que tomar en consideración los factores individuales, comunitarios y culturales que son pertinentes a los YMSM. Los programas deben abordar el tema del racismo en la comunidad homosexual blanca y, a la vez, apoyar a los YMSM de color a manejar sus decisiones acerca de su sexualidad, su identidad homosexual, su cultura y raza/etnia. Los YMSM necesitan un ambiente seguro para poder compartir sus experiencias.
  • Tomar en consideración las necesidades de los grupos marginados tales como los jóvenes sin hogar y los jóvenes abusados sexualmente. Los programas deben alcanzar a los jóvenes sin hogar, especialmente a los que están envueltos en prostitución, ya que es muy probable que no estén en la escuela. Los programas de alcance para educar a los YMSM sin hogar deben atender primero sus necesidades de alimentación, vestimiento y refugio. Sólo después de satisfacer estas necesidades se puede llamar su atención sobre asuntos relacionados con su salud sexual.

Pedro Zamora, quien murió en 1994 a la edad de 22 años, dijo acerca de las necesidades de los YMSM, "Yo necesitaba mensajes positivos acerca de mi sexualidad. Necesitaba saber de condones, cómo usarlos correctamente y dónde comprarlos. Necesitaba saber que uno puede ser sexual sin tener sexo. Necesitaba saber cómo decir 'No quiero tener sexo, sólo quiero que alguien me abrace.'"30

* En este Vistazo a un Tema, el término YMSM define a una categoría de hombres menores de 23 años que tienen sexo con otros hombres. Esta clasificación incluye a todos aquellos que se identifican a sí mismos como gays, homosexuales, bisexuales, heterosexuales, transgénero, así como a los que tienen dudas acerca de su identidad sexual.

Escrito por Deborah Roseman y Kent Klindera
Traducido y editado por Larry Villegas, Octubre de 2000

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